Ante todo la terapia se desarrolla en un clima
de sumo respeto y confianza, con un trato cercano, calido
y de total confidencialidad y ética profesional.
Se trabaja con una mirada humana e integradora, abordando
la situación de la persona en su complejidad, teniendo
en cuenta los aspectos afectivos, cognitivos, conductuales
y contextuales.
No se pone solo el foco en los síntomas o aspectos
disfuncionales, sino también y sobre todo en los recursos
y potencial de cada persona.
Desde este enfoque se propone un proceso de aprendizaje en
el cual la persona aprende a resolver un determinado problema
y a obtener una nueva forma de ver las cosas y a si mismo,
encontrando variadas respuestas mas adaptativas para resolver
las dificultades que pudieran presentarse en un futuro. Se
fomenta el crecimiento personal y la autonomía.
En la primera entrevista la persona planteara el motivo de
consulta y todo aquello que le provoque malestar; se puede
tratar una situación de crisis individual, de pareja
o familiar. Es normal que la persona experimente cierta ansiedad
por tener que abrirse a un desconocido, esto ira disminuyendo
y se construirá un buen vinculo que facilite el trabajo
en conjunto.
Asimismo en este primer encuentro se acuerdan los objetivos
a alcanzar, se establecen los horarios, frecuencia y el costo
de las sesiones.
En los primeros encuentros se seguirá recabando toda
la información relacionada con el problema, y así
se iran construyendo las primeras hipótesis y causas
que lo mantienen en la actualidad.
La modalidad de trabajo es conjunta, el rol del terapeuta
es activo, no solo escucha, si no que trabaja en conjunto
con la persona para aportar más claridad al problema
en cada encuentro.
Este abordaje sitúa a la persona como motor de su propio
cambio, ampliando sus propios recursos y habilidades personales,
favoreciendo el desarrollo de estrategias más adecuadas
para afrontar dificultades.